—Vamos, vamos —dijo Shapur con bastante cortesía, teniendo en cuenta que era un demonio—. Desperdicias mi tiempo. Y también el tuyo, pues sólo te queda media hora. —Y agitó la cola.—¿No es desmaterialización? —preguntó reflexivamente Isidore Wellby.—Ya te he dicho que no. Por centésima vez, Wellby miró el bronce ininterrumpido que lo rodeaba por todas partes. El demonio se había regodeado diabólicamente (¿de cuál otro modo?) al señalar que el suelo, el techo y las cuatro paredes eran losas de bronce totalmente lisas y de medio metro de espesor, unidas por soldaduras sin rendijas. Era el cuarto cerrado definitivo, y Wellby sólo tenía media hora para salir, mientras el demonio observaba con creciente ansiedad. Isidore Wellby había firmado hacía diez años (exactos, por cierto).—Te pagamos por adelantado —dijo persuasivamente Shapur—. Durante diez años tendrás todo loque quieras, dentro de lo razonable, y luego serás un demonio. Serás uno de nosotros, con un nuevo nombre de potencia demoníaca y muchos otros privilegios. Ni siquiera te darás cuenta que estás condenado. Y, si no firmas, quizá igual termines en el fuego, de cualquier modo. Nunca se sabe. Mírame a mí, por ejemplo. No me va tan mal. Firmé, tuve mis diez años y aquí estoy. Nada mal.—¿Por qué estás tan ansioso por mi firma si, de todos modos, puedo ser condenado? —le preguntóWellby.—No es tan fácil reclutar cuadros de mando para el infierno —explicó el demonio, con un encogimiento de hombros que intensificó levemente el tenue aroma a bióxido de azufre que impregnaba el aire—. Todos apuestan a que terminarán en el cielo. Es una mala apuesta, pero así son las cosas. Creo que tú eres demasiado sensato para eso. Pero, entre tanto, tenemos más almas condenadas de las que podemos atender con nuestra creciente escasez de personal administrativo. Wellby acababa de salir del ejército y lo único que le había dejado esa experiencia era una cojera y unacarta de despedida de una muchacha a la que aún amaba, así que se pinchó el dedo y firmó. Desde luego, primero leyó la letra pequeña. Cierta cantidad de poderes demoníacos serían depositadosen su cuenta en cuanto firmara con sangre. No sabría en detalle cómo se manipulaban esos poderes ni la naturaleza de todos ellos, pero sus deseos se cumplirían de tal modo que parecerían realizarse mediante mecanismos normales.Naturalmente, no se cumpliría ningún deseo que interfiriese con las metas y los propósitos más elevadosde la historia humana. Ante eso, Wellby enarcó las cejas. Shapur carraspeó.—Una precaución que se nos impone desde…, eh…, Arriba. Tú eres razonable. Esa limitación no interferirá contigo.—También parece haber una cláusula equívoca.—En cierto modo, sí. A fin de cuentas, tenemos que verificar tu aptitud para el puesto. Como ves,estipula que se te exigirá la realización de una tarea que tus poderes demoníacos te facilitarán muchísimo.No podemos revelarte ahora a qué se refiere, pero tendrás diez años para estudiar la naturaleza de tuspoderes. Considéralo una especie de requisito de ingreso.—¿Y si no apruebo el examen?—En ese caso —dijo el demonio—, serás sólo un alma condenada común. —Y, como era un demonio,sus ojos emitieron un destello humeante y los dedos de sus zarpas temblaron como si ya los hubiera hundido en las entrañas del otro. Pero añadió suavemente—: Vamos, será un examen sencillo. Preferimos que seas uno de los nuestros y no simplemente una tarea más. Wellby, pensando melancólicamente en su amada inalcanzable, no dio mucha importancia a lo que ocurriría al cabo de diez años y firmó. Pero los diez años pasaron de prisa. Isidore Wellby siempre se mostró razonable, como había predichoel demonio, y las cosas marcharon bien. Wellby aceptó un empleo y, como se hallaba en el sitio adecuadoen el momento preciso y siempre decía las palabras precisas al hombre adecuado, pronto lo promovieron aun puesto de gran autoridad. Sus inversiones eran invariablemente fructíferas y, para mayor satisfacción, su chica regresó sinceramente arrepentida y desbordante de adoración. Tuvo un matrimonio feliz y fue bendecido con cuatro hijos, dos varones y dos niñas; todos, brillantes y educados. Al cabo de diez años estaba en la cumbre de la autoridad, reputación y fortuna, mientras que suesposa crecía en belleza a medida que maduraba. Y, a los diez años (exactos, por cierto) de la firma del pacto, se despertó para encontrarse no en su dormitorio, sino en una horrenda cámara de bronce de pasmosa solidez, sin más compañía que un ávido demonio.—Sólo tienes que salir y serás uno de nosotros —dijo Shapur—. Es lógico y factible si usas tus poderes demoníacos, siempre que sepas exactamente qué estás haciendo. Y ya deberías saberlo. Sigue leyendo →
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